17 de diciembre de 2009

La excusa de la crisis

Como ya ha salido la sentencia del juicio en el que me he metido y además ha salido a mi favor, voy a explicar aquí lo que ha sido para mí todo este año, desde septiembre de 2008 hasta hoy. Y considero que lo que me ha pasado en el trabajo solo es un reflejo de lo que está pasando en todo el país.

Empecé a trabajar en un bar de tapas llamado "Dehesa Santa María". Es una franquicia extremeña que sirve tapas de productos ibéricos, sobre todo. Mi idea era trabajar un año para ahorrar lo suficiente para pagarme la universidad. 


Ya cuando entré, una de las trabajadoras (ahora una gran amiga) me advirtió que el jefe no pagaba puntualmente. Que a mí me pagaría los primeros meses a tiempo porque, según él, "como no tenía confianza le daba vergüenza". 

Dejaba el contrato en el bar y, cuando el trabajador lo firmaba, se llevaba todas las copias. Los trabajadores no tenían copia de contratos ni nóminas y no ingresaba el dinero en el banco.

Empecé a trabajar el 5 de enero de 2008 y, aunque sabía que pisoteaba todos mis derechos, como al fin y al cabo iba a estar un año solo y gracias a dios, mi marido es funcionario, pues no me importó demasiado.
En 6 meses ya estaba realizando el trabajo de encargada. Abría y cerraba, me encargaba de la caja y de pedir el pan, enseñaba a los nuevos, estaba en la cocina, en la barra y en las mesas... y en mi contrato era "ayudante de camarera". Cobraba 450 euros/mes. 6 euros la hora cuando por convenio son 11 €/hora. Las horas extras las cobrábamos a 6€/h y descansábamos un día a la semana cuando, por convenio, se descansan 2.

En septiembre de 2008 mi padre ingresó con un cáncer que resultó estar en una fase muy avanzada y esto empezó a afectar a mi trabajo, por lo que en noviembre decidí dejarlo para volver en enero. Los clientes preguntaban por mí y mi ex jefe no dejaba de preguntarle a mis compañeros si de verdad yo volvería. Ellos lo tranquilizaban diciéndole que sí, que el día 2 de enero estaría allí como un clavo, y así fue.

El mes de enero me lo pagó, pero febrero y marzo no. Además ,tuve que cubrir a mi compañera que estuvo 15 días de vacaciones en febrero, con lo cual, hice bastantes horas extras. Y no solo me debía dinero a mí también a mis compañeros. 

Nos reunimos con él y le exigimos nuestro dinero. Él empezó con la táctica habitual de ahora, la crisis. Le dijimos que si no nos podía pagar, que nos echara, "nos diera nuestro paro", se pusiera él a trabajar para levantar su negocio y que cuando todo volviera a la normalidad nos llamase. ¡¡No quería!! ¡¡Incluso nos preguntó que en qué orden queríamos cobrar, es decir, quién quería ser el primero y quién el último!!

Lógicamente los tres trabajadores nos fuimos. Él aún dice que le hemos defraudado. El día que me dijo fui a cobrar, pero no me lo pagaba todo y no quise coger el dinero. Le dije que mi padre estaba en el hospital muriéndose y que yo donde debía estar era a su lado, no en la oficina todos los días mendigando mi dinero. Es lo que mis compañeros estaban haciendo, iban cada dos o tres días para volver sin dinero.

Todo lo que ocurrió durante ese tiempo lo tengo algo mezclado, como es natural. Lo que recuerdo es que quedamos un miércoles en la oficina, el día anterior estuve 2 horas esperándolo en el bar y cuando llegó, delante de los clientes, le pregunté que si realmente me lo iba a pagar todo. Él palideció y ¡salió corriendo!

Hasta ese viernes no pude comprobar en el banco que el cheque que me dio ese miércoles no tenía fondos, así que la semana siguiente me presenté en el bar muy temprano, a la hora en la que él iba a dejar los productos que compraba, para encontrármelo y gritarle un ratito, que falta me hacía.

En esos momentos mi padre estaba muy mal, el fin de semana anterior se lo había llevado una ambulancia inconsciente y nos habían dicho que el cáncer de tiroides tenía metástasis en las vértebras cervicales, un pulmón y sospechaban que en el cerebro.

Por otro lado yo ya estaba siendo asesorada por Comisiones Obreras donde me dijeron que intentara primero llegar a un acuerdo amistoso. Yo seguí intentando cobrar.

Otro día estuve un buen rato esperando y no aparecía. Como sentía que iba a darme un ataque, decidí dar un paseo por el centro y relajarme viendo escaparates. Y me lo encontré de frente. Lo mejor es que me viene con una sonrisa pensando que yo era su "coleguita". Pero cuando vio mi cara de pocos amigos palideció. Le dije lo del cheque y me dice con un tono como diciéndome que soy tonta: "¡Si, ya, pero, ¿tu lo has ingresado?"

Ya me indigné, le dije que quería mi dinero y mis papeles... ¡¡¡Se sacó un fajo de billetes del bolsillo y me dijo que si, que ahora me pagaba!!! Se dio media vuelta y salió disparado. Yo, corriendo detrás de él, le pregunté que dónde íbamos. "Al garaje a por mi coche para ir a la oficina". Preferí ir en mi propio coche.

Cuando iba de camino hacia la oficina, que se encuentra en un almacén del puerto, en un lugar apartado, me di cuenta de mi error: iba sola.

Llegué a la "oficina" y una de las cosas que sospechaba se hizo real. Allí estaba el coche de su hermano. Subí a la oficina y estaban allí él, su hermano, su padre y la pobre desgraciada de la secretaria con cara de funeral.

Entré y solté mi bolso en una silla esperando a que me dieran todas mis cosas. Mi ex jefe empezó a gritarme y me pilló tan de sorpresa que no supe reaccionar. Contesté lo que pude y como pude pero empecé a llorar. Agarré mi bolso y les dije que no tenía por qué aguantar eso pero se puso delante de la puerta y no me dejó salir. Cuando se despachó a gusto y vio que yo ya me había cerrado en banda, le dio una patada a un montón de papeles y salió disparado.

Allí me quedé con su hermano y su padre. Su hermano es más calmado, lo que me gusta menos, ya que significa que es más frío y calculador. Me preguntó que qué me pasaba, que yo no era así. "¡Mi padre se está muriendo y yo estoy aquí llorando por mi sueldo. ¿Te parece suficiente lo que me pasa?"

Como es lógico, no cogí ni el dinero ni mis papeles y me fui al hospital. Cuando llegué el oncólogo estaba hablando con mi padre y esperé en el pasillo para hablar con él. Cuando le pregunté qué calidad de vida le quedaba a mi padre me dijo que le quedaban con suerte 3 meses de vida...

Al día siguiente quedé con mi ex jefe en la oficina, pero esta vez fui con mi marido y yo no pude salir del coche. No quisieron darme lo que les pedía y me volví de nuevo sin nada.

A partir de ahí, el sindicalista estuvo intentando quedar para llegar a un acuerdo amistoso pero simplemente nos ignoraron. El día siguiente a que esparciera las cenizas de mi padre, llamé al sindicato y me dijeron que a las 13 habían quedado con ellos. Allí fui con mi marido y ellos no se presentaron. La excusa fue que estaba "malito" y que si podíamos quedar al día siguiente.

Le dije a mi representante sindical que no, que me iba por vía legal. Fui a un abogado y el 3 de noviembre fue el juicio.

No estoy cobrando el paro porque no me dio certificado de empresa. Estuve cobrando 200 euros al mes  

aproximadamente, menos de lo que me correspondía. Se pasó el convenio por donde le dio la gana y aún llora diciendo que por mi culpa está quedando muy mal, está dando una imagen que no es como él es realmente.

Solo he contado aquello que en la sentencia me han dado la razón. No voy a contar cosas muy gordas que sé porque no tengo pruebas, pero si supieran en la Dehesa Santa María la imagen que han dejado de su marca en Huelva...

Uno de los trabajadores no ha cobrado aún nada. Ni le contesta al teléfono. La otra cobró poco a poco. Tiene dos negocios más y a la mayoría les debe dinero. Una media de 2000 euros.... eso si lo calculamos fuera de convenio.

Si me hubiera pagado a su hora, habrían sido 1.000 euros... pero ahora tiene que ajustarse al convenio y me debe más de 5.000€.

La excusa: la crisis... la que no le impidió irse el año pasado de viaje de novios a Cancún. Y la que no le impide este año invitar a sus trabajadores a una cena de navidad, supongo que para comprarlos.

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