5 de noviembre de 2009

Allan Poe de mercadillo

A raíz de este post de el pito doble y, sobre todo, del reto que lanza AnimalUno en ese post, he hecho una versión internetera de "El cuervo" de Edgar Allan Poe. Os advierto que es una historia truculenta no apta para almas sensibles:

Una vez, al toque de las 4, en plena noche
mientras débil y mirando tristes youtubes embebidos,
inclinado sobre un viejo teclado de conocida marca,
cabeceando, casi dormido,
oyóse de súbito un leve soniquete,
como si suavemente me avisara,
que un amigo en mi messenger se conectara.
“Es —dije musitando— un contacto
que a su casa tarde ha llegado.
Eso es todo, y nada más.”

¡Ah! Aquella lenta descarga
en un gélido diciembre;
espectros de verde moribundo
recorriendo una ventana en mi escritorio;
angustia del deseo de poder grabarla;
en vano encareciendo a mi conexión
diera velocidad a la descarga.
Premura por la bajada de Fedora.
La única copia radiante
 de aquella por los ángeles creada,
allí yacía rayada, para siempre.

Y el crujir triste, vago, escalofriante
de la presión sobre las teclas negras
llenábame de fantásticos terrores
jamás antes sentidos. Y ahora aquí, en pie,
escogiendo un cd vacío de contenido,
vuelvo a repetir:
“Es un contacto que a su casa tarde ha llegado
queriendo hablar. Algún contacto
que a deshora mi estado ausente quiere ignorar.
Eso es todo, y nada más.”

Ahora, mi ánimo cobraba bríos,
y ya sin titubeos:
“Oye —puse— , o mas bien lee,
la verdad,no te cabrees,
pero el caso es que, adormilado
cuando viniste a ignorar mi estado ausente,
tan de fuerte vino esto a sonar,
a sonar el avisto de tu contacto,
que del susto pude morir, o así lo aseguraría.”
Y entonces acepté la webcam de su ventana:
Oscuridad, y nada más.

Escrutando hondo en aquella negrura
permanecí largo rato, atónito, temeroso,
dudando, soñando sueños que ningún mortal
se haya atrevido jamás a soñar.
Mas en el silencio insondable la quietud callaba,
y la única palabra ahí proferida
era el balbuceo de un nombre: “¿Fedora?”
Lo pronuncié en un susurro, y el eco
lo devolvió en un murmullo: “¡Fedora!”
Apenas esto fue, y nada más.

Vuelto a mi escritorio, minimicé toda ventana,
mi alma abrasándose dentro de mí,
no tardó en sonar de nuevo: “pirurí”
con mayor fuerza. “Ciertamente —me dije—, ciertamente
algo sucede en la ventana del messenger.
Dejad, pues, que vea lo que sucede allí,
y así penetrar pueda en el misterio.
Dejad que a mi corazón llegue un momento el silencio,
y así penetrar pueda en el misterio.
¡Es el mail, y nada más!"

De un golpe maximicé,
y con suave gesto pensativo,
apareció un extraño tipo
sabio guía de blogueros.
Sin asomos de reverencia,
ni un instante quedo;
y con aires de gran señor que no de gran dama
fue a sentarse en el sillón de orejas,
frente a la cámara de su portatil.
Sentado, inmóvil, y nada más.

Entonces, este busto de píxeles
cambió mis tristes fantasías en una sonrisa
con el grave y severo gesto
que con su mano en la barbilla aparecía.
“Aún con tu barbilla sujetada con la mano —le dije—,
no serás un cobarde,
hórrido blogger, sesudo y amenazador.
Evadido de la blogosfera nocturna.
¡Dime cuál es tu nombre en esta tardía hora Plutónica!”
Y el Cuervo dijo: “Enrique Dans.”

Cuánto me asombró que imagen tan descarada
pudiera hablar tan claramente;
pues casi imposible era su respuesta.
Del todo imposible era. Pues no podemos
sino concordar que ningún ser humano
ha oído antes anonadado, que la voz de un hombre
en su pantalla, sea reproducida por su tarjeta,
pci o integrada, no pulsando el enlace propuesto,
de voz la conversación en su ventana.
Y con semejante nombre: “Enrique Dans.”

Mas el hombre, sentado solitario en el orejero sillón.
las palabras pronunció, como vertiendo
su alma sólo en esas palabras.
Nada más dijo entonces;
no movió ni un solo pelo.
Y entonces yo me dije, apenas murmurando:
“Otros amigos se han ido antes;
mañana él también me dejará,
como me abandonaron mis esperanzas.”
Y entonces dijo el pájaro: “Enrique Dans.”

Sobrecogido al romper el silencio
tan idóneas palabras,
“sin duda —pensé—, sin duda lo que dice
es todo lo que sabe, su solo repertorio, programado
por un tipo desocupado a quien aburrimiento sumo
atrapó, y escribió sin dar tregua
hasta que su código sólo tuvo un sentido,
hasta que las líneas de su esperanza
llevaron sólo esa carga melancólica
de ‘Enrique, Enrique Dans’.”

Mas el busto arrancó todavía
de mis tristes fantasías una sonrisa;
acerqué un mullido asiento
frente al monitor, el escritorio y la ventana;
y entonces, hundiéndome en el teclado,
empecé a enlazar una fantasía con otra,
pensando en lo que esta ominosa especie de troyano,
lo que este torvo, desgarbado, hórrido,
corto y ominoso pedazo de código
quería decir graznando: “Enrique Dans.”

En esto cavilaba, sentado, sin pronunciar palabra,
frente al busto cuyos ojos, como-tizones encendidos,
quemaban hasta el fondo de mi pecho.
Esto y más, sentado, adivinaba,
con la cabeza reclinada
en el aterciopelado forro del cojín
acariciado por la luz de la pantalla;
en el forro de terciopelo violeta
acariciado por la luz del monitor
¡que ella ocuparía, ¡ay!, en unos minutos más!

Entonces me pareció que el aire
se tornaba más sonoro, acariciado,
por minimizado gestor de descargas avisado
de que la descarga al fin quedaba
a la espera de ser por mi grabada.
“¡Miserable —dije—, Monesvol te ha concedido,
por estos ángeles te ha otorgado una tregua,
tregua de repente de los recuerdos de Fedora!
¡Deprisa, oh, graba esta dulce copia
y vuelve a tu ausente Fedora!”
Y el Cuervo dijo: “Enrique Dans.”

“¡Malware!” —exclamé—, "¡cosa diabólica!
¡Malware, sí, seas virus o troyano
enviado por el p2p, o instalado
por el navegador de este windows predeterminado,
a esta desprotegida computadora,
a este pc abandonado por el avast!
Malware, dime, en verdad te lo imploro,
¿hay, dime, hay pantallazo azul en el windows 7?
¡Dime, dime, te imploro!”
Y la imagen dijo: “Enrique Dans.”

“¡Malware!" —exclamé—, "¡cosa diabólica!
¡Malware, sí, seas virus o troyano!
¡Por ese monstruo que se compone de espaguetis,
ese Dios que adoramos tú y yo,
dile a esta alma abrumada de penas si en la extensa web
habrá una versión actualizada de un sistema operativo
llamado por los linuxeros Fedora,
tendrá en sus servidores a una libre y actualizada copia
de la llamada por los ángeles Fedora!”
Y el cuervo dijo: “Enrique Dans.”

“¡Sea esa palabra nuestra señal de partida
virus o troyano maligno!" —le grité presuntuoso.
"¡Terminada la grabación, a la instalación de Fedora me dedico.
Abandona tu sillón frente al portatil, prenda de la mentira,
que pronto reiniciaré!
Mientras Fedora se instala,
abandona la ventana abierta de mi messenger.
Ahora introduzco mi 'usuario'
y tu figura de la ventana no aparece."
Y el busto dijo: “Enrique Dans.”

Y el tipo nunca emprendió el vuelo.
Aún sigue sentado, aún habiendo Fedora instalado,
en la pálida ventana de amsn,
en el escritorio del pc de mi cuarto.
Y sus ojos tienen la apariencia
de los de un demonio que está soñando.
Y la luz de la pantalla que sobre él se derrama
tiende en el suelo su sombra. Y a mi alma,
del fondo de esa sombra que flota sobre el suelo,
no podrá liberarla ¡ni Enrique Dans!


2 comentarios:

  1. Soy Sessa.
    Es jodidamente bueno Water..vaya tela..Es friki,pero hacer una adaptación del cuervo usando la temática que sea solo está al alcance de unos pocos. Bravo tio

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  2. Jeje, gracias Sessa.
    Ayer lo releí y pensé "coño, po no está mal del todo!", pero es que hay un verso que me chirría tela: "de los bloggers guía fijo". No lo veo.

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